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SUSPENDEMOS NUESTRA ACTIVIDAD HASTA NUEVO AVISO

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Queremos transmitiros un mensaje de tranquilidad ante los últimos acontecimientos sobre el Coronavirus.

Como Entidad responsable nos corresponde velar por la salud de todas las personas que forman parte de ABM y acuden diariamente a las actividades. Por ello, hemos considerado la necesidad de suspender todas las actividades de ABM, en principio hasta nuevo aviso y según vayan transcurriendo los acontecimientos. 

Todos estamos recibiendo información de la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Sanidad en todas las cadenas de televisión; «mucha tranquilidad y llevar a cabo las medidas recomendadas de prevención». 

El movimiento Asociativo de la Federación Salud Mental Madrid, la Confederación Salud Mental España y la Concejalía del Área de Coordinación Territorial Transparencia y Participación Ciudadana del Ayuntamiento, se suman a estas recomendaciones para intentar conseguir que no se propague el virus.

Os mantendremos informados sobre todo y podréis contactar con la asociación como de forma habitual en los dos teléfonos de la Asociación 910 115 528 – 639 020 495 o en sus email de contacto info@asocbipolar.com – administracion2@aoscbipolar.com Los trabajadores tampoco acudirán a la sede como medida de protección hasta nuevo aviso, pero atenderán vuestras llamadas o correos electrónicos.

Si alguno de vosotros precisa ayuda por algún motivo especial o contactar con alguno de nuestros profesionales psicólogos o trabajadora social comunicarlo por mail y se os atenderá lo antes posible.

Os adjuntamos un enlace donde tenéis información detallada de los consejos a seguir.  

https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/2019-nuevo-coronavirus

La Junta Directiva de ABM


POP CON TRASTORNO BIPOLAR

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Fuente: EL PAIS

https://elpais.com/cultura/2020/01/31/babelia/1580488299_476685.html?utm_source=Facebook&ssm=FB_CM#Echobox=1580758955

De Billie Eilish a Selena Gomez, los ídolos ‘millennials’ asumen en público sus problemas de salud mental e introducen la confesión, la catarsis y la victoria sobre sus dificultades en sus trabajos.

“Odio ser bipolar. Es maravilloso”. Esta es la leyenda que decoraba la portada de Ye, el disco lanzado en 2018 por el rapero, empresario y autoproclamado semidiós, Kanye West. Días antes del lanzamiento del álbum, su autor se sinceraba ante los medios y confirmaba que le habían diagnosticado un trastorno bipolar. El rap, un estilo hasta entonces prácticamente refractario a tratar los temas relacionados con la salud mental, se introducía en un universo nuevo, un paradigma en el que sus figuras hablaban abiertamente de sus problemas de cabeza y se mostraban frágiles y vulnerables. Kendrick Lamar confesaba padecer el síndrome del superviviente, una suerte de complejo de culpabilidad, cada vez que visitaba su barrio de Los Angeles, Compton, y comprobaba cómo las condiciones de vida de sus amigos y vecinos seguían siendo igual de duras, mientras él acumulaba discos de oro y hasta un premio Pulitzer. Incluso llegaba a afirmar haber pensado en suicidarse durante la grabación de su disco To pimp a butterfly (2015).

Seis meses antes de la confesión de West, el rapero Lil Peep, víctima recurrente durante su breve existencia de todo tipo de disfunciones mentales, fallecía con apenas 21 años de sobredosis. Seis meses después, era otro rapero, Mac Miller, con tendencias autodestructivas y expareja de Arianna Grande, quien moría con 26 años por la misma causa. Esta semana coinciden en las listas un disco póstumo suyo con dos obras de dos artistas pop, Halsey (Nueva Jersey, 1994) y Selena Gomez (Texas, 1992), que documentan con profusión los problemas mentales padecidos por sus autoras. No solo el rap ya no es inmune a esta temática, sino que el pop la abraza con la misma fragilidad y sinceridad, algo poco común hasta la fecha. Estamos más acostumbrados a que estos asuntos se enfrenten desde perspectivas más rock, o sea, solitarias, nihilistas y hasta con cierta tendencia a glamurizarlas. El nuevo pop y el nuevo rap las tratan desde la confesión, la catarsis y la victoria sobre ellas y sus secuelas. Esta semana también se ha anunciado que entre los nuevos emojis se incluirá uno que es una cara sonriente que llora.

“No quiero sonar oscura pero de verdad que no pensaba que llegara a cumplir los 17”. Así se expresaba Billie Eilish (California, 2001) hace una semana en el curso de una entrevista concedida a la cadena estadounidense CBS. “He estado dos veces ingresada desde que soy Halsey. No se lo he dicho a nadie, pero tampoco me avergüenza hablar de ello”, declaraba la cantante a la edición estadounidense de la revista Rolling Stone. “Me siento bien. Estoy tomando la medicación adecuada para mi enfermedad mental. Creo firmemente en la necesidad de hacerte chequeos con tu terapeuta y con tu doctor”, comentaba Selena Gomez a la radio pública estadounidense (NPR). Estos son tres fragmentos de tres charlas mantenidas por estas estrellas del pop estos días. En todas estas conversaciones con los medios, el tema central es la salud mental. En todos los casos, el mensaje final es positivo. Tal vez la música siempre ha estado protagonizada por personajes con un precario equilibrio mental, pero ha sido muy raro encontrar artistas que hayan sido tan abiertos con sus problemas y, sobre todo, que hayan estado tan dispuestos a compartirlos con su público con una vocación más de ayuda que de mero exhibicionismo.

Por parte de los fans, el cambio también ha sido considerable. En parte porque muchos aún recuerdan las imágenes de Amy Winehouse sobre el escenario en Belgrado intoxicada, sufriendo, anunciando la tragedia que poco después llegaría. Todos vieron que algo ahí estaba muy mal. Pero no se hizo apenas nada. Y en parte, también, porque hay un sentimiento de comunidad y aparente cercanía en las nuevas generaciones –esa sensación de pertenecer a un nutrido grupo de personas que están solas que tan fácilmente se refuerza en las redes sociales–, algo que contrasta sobremanera con la manera individualista y nihilista con la que la generación X afrontó estos temas. Cualquier tema. “Esta música, más melódica, logra atraer y juntar a las personas, mientras que la que se basa más en la percusión y el ritmo las aleja”, según Alan Turry, director ejecutivo del centro de terapia musical de la Universidad de Nueva York.

De cualquier modo, aunque la forma de gestionar el tema parezca mucho más natural y sensata que antaño, lo cierto es que esto sucede porque el tema es más ubicuo que nunca. Ningún artista parece hoy estar a salvo de su primer ataque de nervios. Alguien rico y poderoso como Jay Z confiesa necesitar ir a terapia. Alguien aparentemente feliz e inane como Ed Sheeran, trata de temas de ansiedad en sus canciones, especialmente en I don’t care, junto a Justin Bieber, otro cantante con problemas de adaptación al medio. El rapero Post Malone rima abiertamente sobre sus problemas de paranoia. Logic lanza un tema cuyo título es el número de teléfono para la prevención del suicido en EE UU.

La agencia de marketing Take 5 publicó hace dos años un estudio en el que desvelaba que, en 1958, 24 de los singles del top 100 trataban problemas mentales. En 2017, eran 71 las canciones en las que se mencionaba este particular. Según Genius, un motor de búsqueda de palabras en canciones, utilizado para recoger datos por empresas como Spotify o Apple, las palabras depresión y ansiedad han triplicado las veces que aparecen en los temas de hip hop en los últimos diez años. El suicidio sigue siendo la tercera causa de muerte entre los jóvenes de entre 15 y 19 años, según la OMS. Todo parece estar, al menos, igual de mal que siempre. La única diferencia es que parece estar tratándose de forma más sensata. “Nadie quiere hablar de esto”, titulaba The Guardian recientemente un artículo sobre la relación de los actores con las enfermedades mentales. Por una vez, la música no lidera la forma en que se hacen mal las cosas.


Tríptico de recursos frecuentes ABM

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En Asociación Bipolar de Madrid hemos elaborado un tríptico descargable donde hemos plasmado algunos de los recursos más solicitados.

Para visualizarlo pincha en el descargable que presentamos abajo.


LA FIGURA DEL TRABAJADOR SOCIAL EN EL TRASTORNO BIPOLAR

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Los trabajadores sociales, aunque aún de forma poco conocida, tienen como ámbito de actuación el área de la salud mental.

La presencia de estos profesionales en este ámbito es muy relevante, puesto que algunas características y consecuencias propias de la enfermedad mental como pueden ser el aislamiento, la pérdida de autoestima y motivación, la dificultad de mantener y establecer relaciones sociales, el desconocimiento de la enfermedad y de recursos disponibles, el estigma y rechazo de la sociedad, etc. Pueden provocar situaciones de aislamiento y llevar a la exclusión social de las personas que conviven con el trastorno bipolar. El trabajo social incide en la normalización de la calidad de vida de la persona afectada, para que ésta, no interfiera de forma desmesurada ni negativa en sus relaciones más próximas.

La figura del trabajador social velará porque las personas afectadas puedan conocer todas las variables de la enfermedad y la situación que están atravesando. Además, tratará de generar capacidades psicosociales adecuadas en las personas para que puedan desarrollar sus actividades diarias de forma normalizada, aprovechando sus propios recursos y los que les ofrece la sociedad.

El profesional del trabajo social se ha convertido en una figura fundamental, ya que integrar las relaciones sociales y el ámbito social en la vida diaria y normalizada de las personas afectadas contribuye de una forma muy positiva a la mejoría e integración y puesta en marcha de la persona, es decir, es especialista en recursos y servicios sociales y en relaciones comunitarias. Dentro de estas relaciones, los familiares son de suma importancia para el curso de la enfermad y el trabajador social es un buen gestor y mediador entre familiares y afectados para conseguir que esta red relacional no se debilite y siga aportando de forma positiva al proceso.

El trabajador social en ABM tratará de orientar sus actuaciones en las siguientes áreas:

  • Familia. Orientar, asesorar, valorar necesidades, fortalezas y debilidades, vincularles al proceso de rehabilitación, información y ofrecimiento de recursos. Información sobre los grupos de actividades y terapias disponibles, terapia familia, etc.
  • Formación y empleo. Motivar al estudio y al empleo, orientando al itinerario más adecuado para las circunstancias de cada persona. Realizando talleres y sesiones orientadas a la inserción socio laboral.
  • Relaciones sociales. Creación o ampliación de red social de la persona que le permita su adecuada integración social.
  • Autonomía social. Orientar y enseñar a usar los recursos comunitarios, las prestaciones sociales y de apoyo. Que la persona sea capaz de resolver sus gestiones, de manejar su dinero, que tenga una vivienda digna, resuelva sus necesidades básicas (y otras no tan básicas), potenciando el asociacionismo y la vinculación a grupos de pertenencia.

Para la consecución de los objetivos marcados por las anteriores actividades es necesario desarrollar intervenciones a todos los niveles, tanto individuales, como familiares, grupales y comunitarias. Además, será importante realizar las actividades básicas del profesional del trabajo social como son las entrevistas, actividades de sensibilización y prevención, coordinación con los recursos disponibles, investigación, etc.

No podemos olvidar que la esencia del trabajo social es ser muy responsable con el trabajo y el entorno y tener una visión muy amplia y global que sea capaz de captar las necesidades y posibilidades de las personas y sus círculos sociales y por supuesto, ponerle mucha pasión a lo que hacemos. Sin olvidar que la beneficencia puede salir cara a la sociedad y no es una solución efectiva a medio y largo plazo.

Una vertiente novedosa pero actual que me gustaría añadir a las funciones del trabajador social, sería la ayuda a los usuarios a integrarse en las nuevas tecnologías y la formación en el correcto uso de ellas.

La controversia de las redes sociales es real, pero la posibilidad de generar una corriente positiva para el uso de estas y conseguir la realización de actividades saludables y de ayuda para nuestros socios tanto afectados como familiares puede ser un gran beneficio para todos.

Además, de la visibilidad que generan todo tipo de redes sociales y nuevas tecnologías para la reivindicación de los derechos y la eliminación del estigma social, un blog o las RRSS nos ofrece infinitas posibilidades para crear un canal de opinión, comunicación o crear comunidad con afectados, familiares y resto de la sociedad.


Prevención del suicidio «Conecta con la vida»

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La confederación de Salud Mental Madrid organiza con motivo del Día Mundial de la Salud Mental 2019, una jornada que gira entorno a la prevención del suicidio.

La jornada se realizará el 26 de septiembre a partir de las 10:00 y participarán numerosos agentes implicados de la salud mental en distintas mesas.

Facilitamos la información del evento.


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